|
|
LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA |
|
Recientemente el hispanista Ian Gibson, en una entrevista publicada en un diario de tirada nacional, decía: “Las heridas de la Guerra Civil solo se curarán definitivamente cuando ambos bandos acepten la verdad de lo que pasó en sus respectivas retaguardias durante la contienda fratricida”. Parece una reflexión razonable. Pero esta proposición de Gibson parte de un supuesto equivocado, cual es el de la existencia y permanencia en la España de hoy de los bandos enfrentados en la Guerra Civil. Y eso no es así, porque la inmensa mayoría de los españoles creyó, con todo fundamento, que la actual Constitución de 1978 cerraba el paso definitivamente a las dos Españas. |
|
|
|
El problema reside en que la recuperación de la memoria histórica consista no en conocer con objetividad el pasado, sino en resucitar a uno de los bandos, el vencido en la Guerra Civil, presentado como protagonista de una titánica lucha frente al fascismo totalitario en pro de la democracia, de los derechos humanos y de un sistema político, social y económico justo y benéfico. Los vencidos renacen, pues, de sus cenizas, a través de sus naturales continuadores políticos en la España de hoy para vindicar su memoria y, de paso, para denunciar la ferocidad genocida del bando vencedor. De ahí a sentenciar la ilegitimidad de todo lo actuado en la Transición, no hay más que un paso. Hay otro riesgo aún mayor. En España el bando vencedor de la Guerra Civil ha desaparecido. Nadie reivindica hoy la dictadura como régimen político ni justifica los crímenes cometidos durante la guerra civil ni la represión posterior. Los partidos de centroderecha actuales no tienen nada que ver con el franquismo. Todos nacieron y se desarrollaron tras la instauración de la democracia con el compromiso claro de defender el marco de convivencia de nuestra Constitución. |
|
Por el contrario, la izquierda española la integran los mismos partidos que tanto contribuyeron al fracaso de la República. Más aún, se da la circunstancia de que los partidos que hoy gobiernan España formaban el núcleo central del Frente Popular, que condujo a la II República al precipicio. La recuperación, al cabo de treinta años, de la memoria histórica puede tener otro efecto perverso, si los partidos históricos caen en la tentación de convertir aquel funesto episodio en una historia de buenos y malos, para que al fin los malvados vencedores de ayer sean derrotados por los buenos de hoy. Se intenta demonizar a la derecha para deslegitimarla como opción de gobierno. Solo la izquierda progresista tiene derecho a ejercer el poder, porque la derecha es fascismo. ¿ Qué puede ocurrir si se sigue por este camino? Pues que se reabran las heridas de la Guerra Civil que creíamos totalmente cicatrizadas., y eso sí que es un esperpento o un desatino. Reivindiquemos, pues, el espíritu de la Transición. Rechacemos toda suerte de extremismos. Tendamos la mano y no cerremos el puño. Somos ciudadanos de un país democrático y libre, además de próspero. Aprendamos las lecciones de la historia, pero neguémonos a repetirla. |
|
Baldomero Ruiz